Objetivo. - Que la persona se encuentre con el amor misericordioso de Dios, produciendo su radical conversión (experiencia del abrazo del Hijo pródigo, de resurrección y reconciliación)
CHARLA MODELO
Enlace: La reacción de Dios ante mi pecado: misericordia.
Les invito hacer un esfuerzo más, porque *Este momento de la convivencia es muy delicado: Es el momento más importante del retiro. En este momento Dios se juega la vida por ti, para que vivas. Es como una operación de la cual depende tu vida, una operación que extirpa de nosotros el pecado. Ese pecado que es como un tumor maligno que va consumiendo nuestras vidas nos deja sin fuerza, sin vida, sin alegría.
En este momento nos pueden surgir diferentes reacciones: fingir estar bien o el decirnos no pasa nada. Tenemos tantas ganas y deseos de estar bien, de comenzar de nuevo y sólo necesitamos una cosa ser sinceros, no fingir. Ejemplo: "han visto esas caritas de los payasitos con una sonrisa dibujada y una lágrima cayendo". Me parece muy fuerte porque el Payasito nos deja de reír, aunque tenga ganas de llorar.
Muchas veces ante el dolor de vernos así queremos bulla, risas, algo que nos distraiga, salir, huir porque no queremos llorar. Nuestro padre Dios sabe que te ha pasado, lo que has vivido, lo que sientes por dentro. Y con él no podemos fingir porque Él lo sabe todo. Por eso te dice: "No tengas miedo" yo te ayudo a reconocer todo aquello qué no te atreves a ver solo.
Yo te amo y mi amor es más grande que el amor de una madre. Ante nuestros miedos Dios se comporta como una madre. Ejemplo: Un niño se había escapado del colegio y se había ido a vagar decidió gorrear el bus y sube corriendo, cuando el carro arranca lo arrastra su ropa quedó hecha trizas, tenía heridas en las piernas. Cuando avisaron a su casa su madre fue a verlo. El niño en lo único que pensaba es que lo iban a castigar y cuando ve a su madre le pregunta me vas a castigar y la madre lo besa, lo revisa, lo llena de besos y sólo después de asegurarse de que no tenga nada grave le responde: No hijo no te voy a castigar te, ¿qué dices? y lo abraza y besa y lo llevó a curar sus heridas. El padre te dice: no quiero castigarte hij@ déjame curar tus heridas. El amor de Dios es como el amor de una madre que se preocupa más cómo estamos que por lo que hicimos.
Dios se abaja a mi miseria
La parábola del hijo pródigo nos revela la sorprendente reacción de Dios ante un hijo arrepentido (Lc 15,13-20).
Así lo muestra también la palabra de Dios:
Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
Que muestra el amor de Dios frente a nuestro pecado, refleja el amor de Dios frente a nuestro a nuestra vida rota o herida, frente al hijo que malgasta la herencia en vicios y una vida desordenada y queda tan mal hasta desear comer la comida de los cerdos.
La reacción del Padre es: Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Así es la reacción de nuestro Padre Dios.
El Amor de nuestro Padre no paga según nuestros méritos. Para Dios siempre somos hijos. Ejemplo: un joven llamó a su madre después de muchos años que habían emigrado. La madre se alegró tanto de tener noticias de su hijo. En esa llamada el hijo le confesó estar muy enfermo y que estaba hospitalizado. La madre junto todo lo que tenía para viajar e ir a ver a su hijo. Cuando llegó a verlo se dio cuenta de que su hijo estaba en el pabellón de infectados del BIH. El hijo avergonzado lloraba y sólo miraba. Y la madre al verlo lo único que le dijo fue: Hijo hayas hecho lo que hayas hecho, tú, eres mi hijo. Como está madre Dios nos dice: "Hayas hecho lo que hayas hecho nunca dejarás de ser mi hijo" "nunca dejaste de ser mi hijo". Dios lleva años buscándote y quiere decirte: nunca dejaste de ser mi Hijo.
Con amor eterno te he amado. El amor de Dios es más fuerte que la muerte. "Con Amor eterno te amado ternura hacia él no me ha de faltar". Entrar con esta confianza de que Dios quiere nuestro bien. A Dios no le falta amor y ternura ante mi situación y estado. A Dios no le falta amor para acercarse a mí.
El amor misericordioso de Dios: me retorna a la vida y me devuelve la herencia de Hijo: (Lc.15, 22-24/ Lc.19, 9-10: ha llegado la salvación para este hijo de Abraham)
"Tanto nos amó Dios que entregó a su único hijo para salvarnos" Juan 3, 16. Esta es la misericordia de Dios: haber entregado a su Hijo para rescatarnos. Jesús entregó su vida por tu vida. Porque Jesús entregó su vida como rescate de una humanidad sin vida. Es como un cambio “la vida de su hijo Jesús por tu vida”. Esa es mi experiencia: Un día frente a la cruz, vi en Jesús muy herido, que le brotaba sangre por las heridas que tenía. Yo tenía un dolor muy grande porque me sentía muy mal al reconocer mi vida herida por el pecado, no tenía fuerzas para salir del pecado, y esta situación me había dejado en un estado decadente. Y le pregunté a Jesús ¿por qué yo estaba así? Sentía que estaba herida no dejaba de llorar, tenía días llorando y nada me calmaba. Al mirar las heridas de Jesús vi que no dejaban de sangrar. Jesús me dijo son tus heridas. Yo llevo en mí tus heridas. Comprendí que él había dado su vida por mí para que yo tenga la posibilidad de salir adelante. La misericordia de Dios es el abrazo a nuestra miseria. Recibe hoy este abrazo, hoy Dios abraza tu vida como esté. Acepta este amor capaz de dar la vida por ti, este amor que cura tus heridas, este amor que sufre lo que tu sufres. Sí Jesús no llevara nuestras heridas nuestra vida sería insoportable. Su amor misericordioso te salva asumiendo tu dolor.
Me perdona. (Mc.2,5/ Lc.7,36-50) Porque me ama se compadece de mí y es capaz de perdonarme completamente. Perdonar es sanar, es curar la herida abierta, reestablecer de nuevo la relación amorosa que estaba quebrada por el pecado. El perdón es la gracia del amor derramada en el pobre corazón humano.
Como lo experimentó la mujer que fue encontrada en adulterio. La trajeron donde Jesús para que la condene, la mujer sabía lo que había hecho y esperaba la condena. Tal vez como alguno puede experimentar: “no merezco nada”, pero la mujer en lugar de la condena escuchó que Jesús le preguntó: ¿alguien te ha condenado? Todos se habían ido, nadie la condenó y Jesús le hace está pregunta porque quería llegar a lo más profundo de su corazón, a su desesperanza, a su ya no esperar nada, ella sólo esperaba su condena. Pero Jesús le da el Perdón: “Yo no te condeno le dijo”, “ellos no te pueden condenar”, “Tú no te condenes”. Así escucha hoy que Jesús te dice nadie te puede juzgar, yo no te condeno, tú no te condenes. Que experiencia tan liberadora el único que podía condenarla no lo hace. Sino que le ofrece el Perdón. Sólo le dice no vuelvas a pecar. Y Jesús reconstruye la vida de esta mujer con su Perdón.
Es como una transfusión de sangre o como un intercambio vital: yo le doy mi pecado y él me da su perdón.
Me reconstruye. (Ez. 36,26) Misericordia significa dar el corazón a la miseria. Cuando Dios abraza con su corazón nuestra miseria nos devuelve la vida y nos restablece en la dignidad de hijos de Dios. Nos recrea, nos reconstruye.
Ahora tienes posibilidad de una vida nueva. Créelo Dios hace todas las cosas nuevas. Dios te está dando una vida nueva, un corazón nuevo, una alegría nueva, una nueva esperanza. Ejemplo: una vez me pidieron que adorne una capilla, me quedó muy bonita con sus letras, con adornos... los que vieron la capilla me dijeron te había quedado muy bonita... Yo estaba muy contenta de cómo quedó. Entre los arreglos había unas velas y justo prometimos para la celebración 1 de las velas y por la emoción del momento me quedé en la capilla un rato más que los demás y por ser la última en salir tenía que apagar la vela. Resulta que lo olvidé y me salí de la capilla. De repente escuchamos se quema, se había originado un incendio grande. Todos los adornos se quemaron, las letras, el mantel, las ventanas quedaron negras, ya se imaginan. Yo estaba muy apenada y me decían no pasa nada Katia, déjalo así. Comencé a limpiar, hice nuevas letras, adorné todo nuevamente... y todo quedó más lindo... los que habían visto lo ocurrido me decían todo ha quedado más bonito... Y en mi interior Dios me dijo yo puedo hacer lo mismo contigo, yo hago todo nuevo... Así es la misericordia de Dios transforma nuestra vida en Vidas más bonitas, en Vidas con posibilidad, con esperanza, vez todo con una nueva mirada.
Me capacita. Y no se conforma con perdonarme y reconstruirme, sino que más aún, me da la fuerza para no volver a pecar: “vete y no vuelvas a pecar”. La misericordia de Dios nos capacita para vencer el pecado, para vivir su proyecto e ideal. Nos da la fuerza para amar como él nos ha amado. Para perdonar y reconstruir la vida de otros.
Nos capacita para aplicar su misericordia a nuestros hermanos. El pecador proclama la misericordia de Dios (1 Tim.1,12-17/ Sal 51,15 / Sal. 116, 12-13)
Eres portador de su Perdón. quedas capacitado para hacer el bien, para perdonar, para comprender que los hermanos se encuentran enredados en el pecado y hacen el mal porque no reciben el Amor de Dios, no lo hace porque sean malos, ni viven experiencias que les hieren porque les guste vivir así, sino que comprendes que necesitan un amor que lo rescate, y eres capaz de comprender las miserias de los otros porque Dios no rechaza la debilidad, ni la miseria, sino que la abraza y la transforma. Quedas capacitado de ser portador de la misericordia. Ahora puedes hacer mucho bien.
El sacramento de la reconciliación.
Dios nos da su abrazo misericordioso a través del sacramento de la reconciliación. ¿Sabes cómo nos llega ese Amor misericordioso con toda su fuerza transformadora? Ese Amor lo recibimos en la confesión. ¿En la confesión??????? Jijiji. Así quiso Dios que nos llegue su perdón y su misericordia. Uno cuando dice Yo me las arreglo con Dios, decimos esto, pero al final no nos basta, no terminamos de creer que Dios nos ha perdonado. Hay GRACIA que viene de Dios a través de este sacramento. Por eso es muy diferente arreglármelas sólo con Dios que confesarnos. El que se confiesa acoge este abrazo misericordioso de Dios. Y lo reconoce cuando el Sacerdote nos dice: Yo te perdono en el nombre de Dios, te perdono en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No nos dice yo sacerdote te perdono. El sacerdote es sólo un medio.
Experiencia de mi papá: MI papá participó a un retiro, así como este, y no se animaba a confesarse. Lo que pasaba es que tenía años sin confesarse. Muchos años, como 40 años creo. Pero creyó en la misericordia de Dios. Y se dijo me voy a poner en la fila de los pecadores, fue muy gracioso verlo ponerse de pie y casi marchando, decidido, se puso en la fila para la confesión. Que experiencia más bonita, a mi papá se le quitó un peso de encima tan grande que quedó como un niño. Con una alegría y hasta su cara relucía.
Pasos para una buena experiencia de reconciliación: examen de conciencia, dolor de contricción, propósito de enmienda (cambio verdadero de vida), confesión y cumplir la penitencia. No se preocupen que esto se lo explicaran y habrá un momento para ayudarnos a preparar nuestra confesión.
El que te creó sin ti no te salvará sin ti. Ahora todo depende de tu opción libre... Dios te espera con los brazos abiertos. Si tu quieres puedes recibir su amor misericordioso y celebrar la fiesta de la reconciliación.
Celebra la fiesta que hay en el cielo, la alegría del padre por tu retorno a casa. Como lo explica la Palabra de Dios: El padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Ven celebra la fiesta que hay en el cielo, Dios quiere darte su misericordia, quiere darte esta vida nueva, pero necesita de tu colaboración, de tu decisión. No te arrepentirás.
Exhortación: Corre a los brazos de Dios. Experimenta su misericordia.
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