JAIME BONET Y EL CUERPO MÍSITCO DE CRISTO
INDICE
Introducción
Jaime y el Cuerpo Místico de Cristo
Experiencia de Jaime sobre el tema de CMC
en la predicación de Jaime
Claves teológicas y carismáticas del CMC en JB
CMX en la Familia Misionera Verbum Dei
Biografía sobre el CMX
Antonio Velasco Jiménez
Familia Misionera Verbum Dei
Mallorca, 15 enero 2026
JAIME BONET Y EL CUERPO MÍSITCO DE CRISTO
CRISTO TOTAL – CRISTO CRUCIFICADO
Introducción
Tres experiencias de vida que nacen del encuentro vivo con el Cuerpo Místico:
Saulo de Tarso,
Agnes Gonxha Bojaxhiu (Madre Teresa de Calcuta)
Jaime Bonet Bonet
Desde la predicación de Cuerpo Místico y el deseo de ser miembros vivos a la consagración a la Palabra de Dios para dar vida al Cuerpo Místico
Una lección de vida en las capillas Verbum Dei
COLOQUIO
¿Qué significa para nosotros esta realidad?
¿Qué intuimos que puede significar?
¿Cómo vivirla?
Jaime y el Cuerpo Místico de Cristo
En primer lugar, anotamos que Jaime utilizaba la expresión "Cuerpo Místico de Cristo" alternando con otras expresiones como sinónimos: Cristo Total, Cristo Crucificado, Cristo sufriente, Cristo doliente de hoy, Reino de Dios, Humanidad de Jesús.
Igualmente, y, sin formularlo explícitamente, en Jaime hay una comprensión que se va ampliando: de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo a la humanidad entera como el Cristo total o Cuerpo Místico de Cristo.
La realidad del Cuerpo místico de Cristo constituye la tercera fuente de espiritualidad del carisma Verbum Dei y una verdad de fe que culmina y atraviesa nuestra vida cristiana y nuestra vocación.
Experiencia de Jaime sobre el tema de CMC
La concepción de Iglesia ha concebido diversas formulaciones desde su inicio y primer milenio, en el segundo milenio, y a lo largo del siglo XX. En los tiempos en los que Jaime era un niño, la concepción de Iglesia como Cuerpo Místico correspondía a una idea jerárquica y un tipo de idea de cristiandad social mayoritaria.
Una anotación interesante en relación a nuestro tema son la devoción popular de la predicación de las siete palabras (“tengo sed”), la película de Marcelino pan y vino (1955), la campaña del domund desde la espiritualidad de Janet Pericot (desde 1922), el Movimiento Mundo mejor del padre Lombardi como respuesta a la encíclica Corporis Mystici de Pio XII. Posteriormente esta rica espiritualidad se recogería en el rollo de Cuerpo místico en Cursillos de Cristiandad.
Pero hay también una rica espiritualidad en torno al cristo roto, el amor universal de Santa Teresita, etc.
En la preparación de las navidades de 1940, Jaime Bonet, a sus catorce años, vive unos ejercicios espirituales de adviento para los alumnos en el colegio de La Salle. En la capilla del colegio fue donde vivió el momento fundante de la vocación evangelizadora de Jaime Bonet. A sus 14 años, Jaime experimentó la vocación desde su primera vivencia de diálogo con Dios. En el diálogo personal con Jesús Crucificado y Jesús en la Eucaristía, experimentó el gozo y el amor personal de Dios y, al mismo tiempo, la llamada a llevar su amor a todas las gentes.
Los ejercicios alternaban unas meditaciones en la mañana dadas por algún hermano de La Salle y el ritmo de clases con normalidad y la participación en la Eucaristía.
Sobre el sagrario en la capilla del colegio de los hermanos de la Salle de Pont D´Inca, estaba escrito este pasaje bíblico: «El Maestro está ahí y te llama» (Jn 11,28). Jaime Bonet sintió la llamada a compartir el amor de Dios con todas las gentes. Jaime Bonet tuvo una experiencia de encuentro con Cristo crucificado que, como Pablo camino de Damasco, le convirtió en un misionero con un ardor infatigable, con un único deseo, de que el máximo número de personas pudieran conocer a Cristo, enamorarse de Él, seguirle y consagrarse a él. El joven Jaime Bonet deseaba, en un primer momento, dedicar su vida a curar leprosos en alguna lejana leprosería, así lo contaba con sus propias palabras: «Le añadí: “Quisiera ser como Tú; por Ti hacer lo que Tú has hecho por mí. ¡Quisiera quedarme leproso! Me voy a una leprosería, porque Tú has cargado con mi pecado, con mi lepra y yo quiero ser leproso por Ti y por mis hermanos. Quisiera darte la misma prueba de amor. Tengo que devolverte este Amor”.
“Me voy a una leprosería. Y si me contagio de la lepra por ayudar a los hermanos, seré feliz”».
Cuando comprendió que en la raíz de la lepra hay situaciones de falta de amor e injusticia: «Pero después, entendí de Él: ¡No! Hay otra lepra. Hay una lepra peor, por la cual he dado la vida, que es la lepra de la vida eterna. Yo no quiero que eternamente seas un leproso, yo te quiero perfecto, y también a todos mis hijos. Luego, si quieres verme feliz, cúrame de esta lepra en mis hermanos». “¿Qué tengo que hacer para eso?”, preguntó a uno de los Hermanos de la Salle, este le respondió: “Pues, mira, conviene que, si tú quieres acompañarle y llevarle, y tal...seas sacerdote”. “¿Sacerdote? ¡Lo que nunca hubiera querido en mi vida!”. Pero como el amor no calcula, el amor no mide, el amor no piensa, el amor trasciende todo pensamiento humano y todo razonamiento humano ⸺cuando es el Amor auténtico que viene de Dios, dije: “Sí”». Después de esta experiencia de Cuerpo Místico, de encontrarse con un Cristo sufriente que le pedía su vida, Jaime Bonet decidió consagrar su vida por completo y exclusivamente a predicar la Palabra, para transmitir al mundo sin descanso el amor que es la medicina que cura, la transfusión en vena que salva al Cristo agonizante en todos nuestros hermanos. Esta vivencia es muy importante en la vida de Jaime Bonet como apóstol, saberse médico de cabecera pendiente del latido de su Cristo, herido y enfermo; y por eso, como san Pablo, incansable predicador de la Palabra de Dios.
«En la experiencia de su vocación Jaime contempla un Cristo sufriente en la Cruz, y capta la realidad del Cuerpo Místico como leproso. A él se quiere consagrar dedicándose a sanar su cuerpo herido en la humanidad a través del amor, y por ello decide ser sacerdote.
En el rostro de cada persona Jaime descubre al Crucificado.
Desde el inicio de su vocación Jaime quedó hondamente marcado por la experiencia del Cuerpo místico y más adelante, en el seminario, profundizará más en ella con la lectura de la encíclica Mystici corporis, escrita por el papa Pio XII, en 1943.
Más aquel amorosísimo conocimiento, que desde el primer momento de su Encarnación tuvo de nosotros el Redentor divino, está por encima de todo el alcance escrutador de la mente humana, porque, en virtud de aquella visión beatífica de que disfrutó, apenas recibido en el seno de la madre divina, tiene siempre y continuamente presentes a todos los miembros del Cuerpo místico y los abraza con su amor salvífico. ¡Oh admirable dignación de la piedad divina para con nosotros! ¡Oh inapreciable orden de la caridad infinita! En el pesebre, en la Cruz, en la gloria eterna del Padre, Cristo ve ante sus ojos y tiene a sí unidos a todos los miembros de la Iglesia con mucha más claridad y mucho más amor que una madre conoce y ama al hijo que lleva en su regazo, que cualquiera se conoce y ama a sí mismo».
Jaime constantemente predicaba esta fuente de espiritualidad y se ha quedado en la memoria del Verbum Dei la frase tomada de la encíclica de Pio XII, Mystici corporis: «Nunca meditaremos suficientemente, cómo de la oración y pequeños sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos». Contemplando la realidad del Cuerpo de Cristo, en sus miembros, el Verbum Dei se siente llamado fuertemente a aplicar todo su amor y consagración a la Palabra, podríamos decir que esta verdad de fe constituye para Jaime la posibilidad de poner en práctica su diálogo vivo con Jesús, concretar su amor a Cristo cabeza en la realidad de sus miembros.
Con el tiempo Jaime va percibiendo la realidad de la humanidad herida en el Cristo Total y va perfilando su dedicación a la predicación y a la consagración a la Palabra como un medio de atender el Cristo Total».
En Jaime, desde su formación en el seminario y, sobre todo, gracias a la contemplación de la Palabra, va integrando su amor al Cristo real (humanidad de Jesús), Cristo Eucarístico (Sacramental), Cuerpo Místico (Humanidad de Cristo). De este modo integra lo esencial de la Escritura y de la vida cristiana: el amor a Dios y el amor a los hermanos».
Las implicaciones en su vida serán de un fuerte amor a Dios aplicado en el Cuerpo Místico, de un gran amor a la Iglesia y del deseo de concretar el mandato del amor de Jesús en la Fraternidad, y Familia Verbum Dei, creación de comunidades evangelizadoras -como células vivas del Cuerpo Místico- en una dedicación total a la predicación a la Palabra de Dios.
El sacerdocio para Jaime Bonet consistía: «Jesús se pone en nuestras manos con una infinita confianza. Y no solo se pone Él, sino todo su Cuerpo místico. Tú le puedes preguntar: “¿Qué hago contigo?” y Él te responderá: “Lo que tú quieras, lo que tú dispongas. Tú y yo somos uno, tú sabes muy bien quién soy, me conoces”.
El redescubrimiento de la teología de los Santos Padres y la teología precedente al Concilio Vaticano II, que buscaba dar respuesta a la realidad de la pobreza e injusticia nutrieron la predicación de Jaime Bonet. Fue esta vuelta a las fuentes y la mirada al mundo actual, le iban dando el perfil peculiar para la comprensión de sus fuentes de espiritualidad como es el Cuerpo Místico de Cristo, el Cristo total, todos los hombres, los vivos y los muertos. Jaime Bonet narra cómo leía a los Padres: «En cambio, si está unido a Cristo, tenga la formación que tenga, podrá evangelizar. Es lo que, en el rezo de la Liturgia de las Horas, hoy mismo he leído en un comentario de San Juan Crisóstomo, que dice: “Mira, unos hombres rudos, incultos y sin preparación, ¡cómo se repartieron por el mundo y con la fuerza del Espíritu Santo cómo movían las ciudades y continentes!”.
Cuando uno se une con Cristo crucificado, con Cristo en la Eucaristía, ya no teme las humillaciones, porque Jesús ya le ha dicho: “Feliz tú, cuando hablen mal de ti por mi causa” (Lc 6,22-23).
Entonces, ¡bien!, aquello no le detiene nada, ni le desanima».
A los 50 años de su conversión la recordaba así: «Ya sabes, mi Jesús: ¡Cincuenta años que me miraste, que arrancaste de mis ojos, distraídos, perdidos entre las aspiraciones del mundo y la vanidad, una mirada fija en Ti! Y te comprendí. Y penetré con mi mirada hasta muy cerca de tu corazón. Diría que permití con fuerza el impulso fuerte de tu latido. Creo que repercutió en todo mi ser. Recuerdo que rompió totalmente la venda de mis ojos y la corteza de mi corazón y pude, sin intervención, entrar en contacto vivo con tu Amor.
Todo fue Amor. Ni hubo coacción alguna, ni siquiera esfuerzo. Todo fue obra tuya, empeño tuyo. Quedé abierto ante Ti como en un quirófano, palpaste mis entrañas y yo puse gozosamente lo más íntimo de mi ser en tus manos».
La síntesis de una vida: Una vida de comunión con la Trinidad y María, que se convierte en una aplicación amorosa, eucarística, de toda nuestra vida al Cuerpo Místico de Cristo a través de una dedicación a la Palabra de Dios
CMC en la predicación de Jaime
Jaime utiliza unas imágenes que le evocan el Cuerpo Místico: la imagen de cuerpo utilizada por san Pablo, el Mapamundi, la metáfora de la viña del evangelio de Juan (cf. Jn 15), la idea de los vasos comunicantes, las fotos de niños desnutridos con el letrero “Sálvame por tu amor…”, Cristo – con fotos o hecho de periódicos formando un Cristo crucificado, la realidad de un feto unido con su madre por el cordon umbilical, Cristo cabeza-resucitado-Eucaristía y su cuerpo crucificado en la humanidad, Iglesia sacramento de Cristo y humanidad de añadidura.
Jaime nos transmitió la realidad del Cuerpo Místico de Cristo y las distintas implicaciones a través de temas diversos de predicación:
En el relato de su vocación
En la charla del Temario Cuerpo Místico (Reino de Amor): unión cabeza, unión de los miembros, la vida del Cuerpo es el amor transcendencia de nuestra vida en el CMX; la charla de custodia de la vida y del amor hace también referencia a nuestra gran trascendencia en el Cuerpo Místico; la charla de Comunidad hace referencia a nuestro formar parte activa en la Iglesia, Cuerpo de Cristo
A través de la predicación y formación en las fuentes de nuestra espiritualidad VD, plasmadas sobre todo desde los Estatutos VD y en la meditación de los documentos VD: en realidad todas las dimensiones del carisma están permeadas del amor y consagración al Cristo Total: identidad, misión, espiritualidad, formación, consagración…
Diversas veces ha predicado el mes de ejercicios espirituales desde la perspectiva de Cristo crucificado y Cuerpo místico (Ejercicios de Villaro 1974 y de Siete Aguas 1985)
Otras facetas vinculadas al tema en la predicación de Jaime:
Jaime lo desarrolla también en los cuatro ejercicios, vinculado al ejercicio de la cruz (pero no identificado)
Espiritualidad del desposorio con Cristo crucificado, predicación de Cristo crucificado
Espiritualidad del trabajo y de la eficacia vida escondida desde nuestra unión con Cristo Místico
Nuestra composición de lugar de la oración
Perspectiva misionera, - mundos capillas
Claves teológicas y carismáticas del CMC en Jaime bonet
La realidad del Cuerpo Místico, como lo son cada una de las fuentes de espiritualidad, son una línea trasversal que engloba cada dimensión del Verbum Dei. El tema del Cuerpo Místico, por tanto, toca la mayor parte de los aspectos de nuestra vocación y vida misionera:
El Cristo total, causa y razón de nuestra vocación y misión, de nuestra contemplación, de nuestra consagración y formación …
En Jaime hay una simbiosis total con la oración de Jesús del capítulo 17 de San Juan: "Por ellos yo me consagro para que también ellos sean consagrados por medio de la verdad. Y no te ruego solo por ellos; te ruego también por todos los que han de creer en mí por medio de su mensaje. Te pido que todos vivan unidos. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado (vv 19-21). En la vida de Jaime el POR ELLOS que el Padre le encarga le acapara toda su vida y le descentra de sí mismo para dedicarse a los otros. Es una vida con un “para quién”
EVD 246 El amor del Padre, la voz del Espíritu Santo, el diálogo constante con Jesús y la mirada penetrante de María, proyectan nuestras vidas y nos fuerzan a aplicarlas íntegramente sobre el Cuerpo Místico de Cristo.
C 77 (EVD 83) Este Cristo Total, vivo y verdadero de hoy es, precisamente, la causa y razón primera y principal de nuestra vocación y misión, de nuestra vida contemplativo-activa, tanto de la Fraternidad como de cada uno en particular. Por este Cristo hemos querido renunciar a todo, a todos y a nosotros mismos, no por deseo de pobreza o soledad, sino por el apremio de este su amor a todos sus miembros.
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Nuestra unión con Cristo cabeza y necesidad de permanecer unidos a Cristo
CFMVD 14. El punto de partida, consistencia y vínculo de unidad en la Fraternidad es la unión con Dios en Cristo de cada uno de sus miembros. Buscamos, así, expresar el Reino de Dios, que queremos propagar como objetivo propio de nuestra misión de predicar el Evangelio y de esta manera expresar la Iglesia, Cuerpo de Cristo, en la que convivimos todos la misma Vida-Amor por Cristo manifestada, que procede de la Trinidad y se extiende a toda la humanidad. (síntesis)
CFMVD 67. Nuestra misión de ministerio de la Palabra, rectamente entendida y fielmente proclamada, es generadora y transmisora de Vida, convirtiéndonos en donantes y administradores de la Vida de Dios para muchos. Implica y requiere traducir nuestro diario vivir en la misma Persona de Cristo, compartiendo y conviviendo con su misma Vida-Amor. He ahí el sentido propio de la consagración de nuestra vida al Cristo Total. Es comunión plena de Vida con Cristo para todo su Cuerpo, durante toda la jornada y para siempre; como hostia y víctima unida al sacrificio y sacramento eucarístico, hasta nuestra total transformación en Él.
El Cuerpo de Cristo nos une entre nosotros con lazos más fuertes sangre
En el Cuerpo de Cristo podemos ser miembros vivos o miembros enfermos o muertos
El Espíritu santo nos hace miembros vivificantes
EVD 162. El Espíritu Santo nos transforma a cada uno en Jesús y en un miembro vivo de su Cuerpo, formando de todos con Jesús y en Él, el Cristo total, plenitud de Cristo.
C 71. Transformados por el Espíritu y por Él habitados y guiados, espontáneamente irradiamos su mismo amor, gozo y paz. Nuestra carne y sangre, vivificadas por el Espíritu Santo, se hacen fecundidad en toda su Iglesia. Fiel al Espíritu, nuestra vida se abre como el costado de Jesús para generación de muchos a la Vida de Dios. Al ritmo del Espíritu de amor, dueño y esposo de nuestro ser, nuestra tienda de este mundo se extiende por generaciones sin fin para vitalización de todo el Cuerpo de Cristo.
Cristo sigue crucificado en su humanidad sufriente y tiene sed de nuestro amor
EVD 247 El recuerdo del Jesús histórico y la imagen del crucifijo con su pasión y muerte, nos remiten inevitablemente al Crucifijo doliente de hoy; es el Cristo vivo, crucificado en carne y sangre actual, en su pasión y muerte, repetida a diario, sufriendo, agonizando y muriendo en multitud de hermanos.
EVD 210. Toda nuestra existencia se proyecta con la mirada maternal de María sobre el Cuerpo Místico de Jesús que sigue hoy sufriendo, muriendo y resucitando en sus miembros en todas las latitudes.
Apuntes D 64: Con Pablo debiéramos poder decir y sentir: (2Co 7,4) sobreabundó de gozo en medio de mis tribulaciones y sufrimientos y completo en mi cuerpo lo que falta de la pasión de Cristo (en mí) en favor de su Cuerpo-Iglesia y en todos los discípulos (Col 1,24). Como María apunta a la felicidad de generaciones (Lc 1,48).
Vida misionera y consagrada caracterizada por un amor paterno y materno al Cristo total
Es la razón o motivación principal de la vivencia de los consejos evangélicos
POBREZA: C 98. La caridad para con Dios y con el prójimo es el marco de nuestra pobreza personal y comunitaria. El amor al Cristo Total nos exige, hoy y siempre, una pobreza evangélica, real y efectiva. Esta actitud permanente de amor universal formará el clima y ambiente propio y característico de toda la Fraternidad Verbum Dei, no menos en los países más ricos que en los más pobres del mundo.
CASTIDAD C 109. La castidad, que es capacidad y potencia de amor de forma total y exclusiva a Dios, es una opción consciente, libre y voluntaria por el amor al Cristo Total. Por ello, nos dejaremos amar por Jesús a fin de que en nosotros pueda amar a los hermanos y hermanas, hasta que todo nuestro ser sea instrumento vivo de su amor.
OBEDIENCIA C 119. Viviremos la obediencia para hacer solamente el querer del Padre, para ser miembros vivos y vivificantes del Cuerpo de Cristo, y para tener entre nosotros los mismos sentimientos de Jesús, hecho por nosotros “obediente hasta la muerte y muerte de cruz”. Por la obediencia, podremos convivir y proclamar, a través de toda nuestra vida, el FIAT corredentor de María.
Nuestra dedicación a la contemplación y dedicación a la predicación a la palabra de Dios es nuestra expresión mayor del amor al Cristo total
BI 66. El lema: “Oración y Ministerio de la Palabra”, significará para nosotros la asimilación y vivencia del Amor–Vida de Dios, la convivencia de este mismo Amor y su propagación por la predicación de la Palabra viva, una dedicación de nuestras vidas al Cristo Total, Cabeza y miembros, colaborando así intensamente a la plenitud de Cristo en el mundo.
Toda nuestra vida tiene una enorme transcendencia en el Cristo Total: trascendencia de nuestra vida oculta y de acto de amor
El Cristo total, cabeza y miembros constituye nuestra mejor composición de lugar y motor de nuestra oración
Dos expresiones o signific
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