¿¿Cómo saber si tengo fe?
“LA VERDADERA VIDA CONSISTE EN CONOCERTE A TI, PADRE,
Y A TU ENVIADO JESUCRISTO”. (Juan 17,3)
Con estas palabras, el Evangelio de Juan sitúa en su verdadero lugar la fe cristiana. La fe consiste en CONOCER a Jesús. Vivir es CONOCER a Jesús. En la Biblia, el verbo conocer equivale a TENER EXPERIENCIA del otro, como persona y como amigo. (Oseas 2, 16-22) Por eso, cuando Juan dice: “Conocer a tu enviado Jesucristo”, está hablando de TENER EXPERIENCIA DE JESUS COMO PERSONA Y COMO AMIGO. No hay fe cristiana sin ese conocimiento amoroso que supone la unión con Jesús. Jesús es el CENTRO de la fe.
Hablamos de la fe como si fuera una realidad en si misma. Hablamos de la fe como si existiera ella sola en alguna parte, y pudiéramos dejarla o tomarla, como se toma o deja un libro, un dinero, un coche. Pero la fe no existe fuera de ti. No hay fe, lo que hay son creyentes. Fe es un encuentro entre dos que se dan la mano... y la confianza. No existe la fe. Lo que existe son dos personas que se comprometen mutuamente. Una eres tú. Y la otra, Jesús. Por eso, el centro de la fe es Jesús. La vida verdadera consiste en “conocerte amorosamente a Ti, Padre y a tu enviado Jesucristo”.
Pero nos da vergüenza hablar de Jesús. Y entonces hablamos de la fe. Y damos la impresión de que la fe es algo que existe fuera de nosotros, aunque no sea tan palpable como un libro, un dinero, o un coche. La fe sería algo que está ahí, en alguna parte de la Tierra o del cielo, que se toma y se deja como otra cosa cualquiera. Y dejamos de lado a Jesucristo, que es el centro de la fe.
Dos personas se conocen, se quieren y se dan mutuamente la confianza: está produciéndose un encuentro parecido al de la fe. He aquí que esas dos personas deciden constituir una pareja estable y diferenciada. Esta es la imagen más cercana y vida de la fe cristiana. Cristiano no es el que tiene fe a cosas, sino el que tiene fe en JESUCRISTO. Cristiano es el que conoce a Jesucristo, le quiere y le da su entera confianza. Cristiano es el que se compromete con Jesucristo de forma estable. El centro de la fe es Jesucristo.
EL PROCESO DE LA FE.
“Maestro: ¿Dónde vives?”, le preguntaron un día dos jóvenes a Jesús. “Vengan conmigo”, les contestó. Eran poco más o menos las cuatro de la tarde. El que lo cuenta se acuerda perfectamente de aquel momento que resultó decisivo para él. Pasaron con Jesús toda la tarde y comenzaron a conocerle por dentro; Empezaron a tener fe. (Juan 1, 35 ss)
Aquellos dos hombres comenzaron un proceso de fe que puede decirse que se desarrolla en tres fases: ENCUENTRO, ADHESIÓN, COMPROMISO CON JESÚS.
Y rápidamente se convierten en MISIONEROS. Empezaron a decir a sus amigos: “Hemos encontrado al Mesías”, es decir, al hombre definitivo, el que marca el sentido de la vida y de la sociedad. Hemos encontrado la luz, la verdad, el amor, el amigo por excelencia, el amigo de todos; El resumen de lo que todo queremos ser. Y nos ha invitado a vivir con Él.
¡Qué lejos estamos del concepto de fe que circula por muchos ambientes! Piensan que la fe son unas IDEAS, unas verdades que se deben creer. Otros imaginan que la fe es una CONVICCIÓN, algo que se tiene metido hasta el fondo del alma. Otros que la fe es un ACTO DE VOLUNTAD, un empeño absoluto logrado a base de esfuerzos personales, como metas a conseguir por las propias fuerzas.
La fe puede tener algunos de estos ingredientes, pero es algo totalmente distinto. Es una relación estable y comprometida con Jesús.
Si voy a misa el Domingo ¿tengo fe? Puedes tenerla o no, o puede estar desenfocada. Analiza si Jesús es el centro de tu vida, si está presente en todas tus decisiones, si intentas pensar, juzgar, amar como Él. La asistencia a misa no es en sí misma un signo de fe verdadera. Si cumplo los mandamientos ¿Tengo fe? Vale la misma respuesta. ¿Y si pertenezco a una comunidad? Y si me dedico al servicio del prójimo con entrega y sacrificio? ¿Y si doy gran parte de mis bienes a los pobres y trabajo en alguna O.N.G.? Vale siempre la misma respuesta. Puedes tener fe o no tenerla, o tenerla desenfocada. No dejes ninguna de estas actividades pero cultiva por encima de todo tu amistad con Jesucristo. Porque Jesús es el centro de la fe.
Lo primero es el ENCUENTRO PERSONAL CON JESÚS. Un encuentro que va más allá del saludo y del protocolo interesado. Aquel que era antes uno más de entre la masa, uno de tantos, ahora aparece como alguien especial, y poco a poco se irá convirtiendo en tu mejor amigo, en tu camino, verdad y vida.(Juan 14,6)
El encuentro con Jesús produce ATRACCIÓN hacia Él. La atracción no es un fenómeno sensiblero sino un estímulo serio. Me siento llamado por Jesús; Me llama su persona y su vida; dedeo ser como Él, amara como Él, luchar y construir el reino de Dios como Él. No sólo como Él sino también con Él. Deseo ser discípulo suyo y seguir sus huellas. Este deseo es uno de los momentos más preciosos del proceso de la fe. En él está contenida como semilla toda la fe. Es el momento de las grandes alegrías, de los grandes sacrificios, de las grandes renuncias y de los grandes crecimientos. Es el momento de los jóvenes, o más bien es un MOMENTO JOVEN, porque la fe nos rejuvenece.
El segundo punto del proceso de la fe es la ADHESION. Imperceptiblemente –encuentro con Jesús y la atracción que produce te lleva a la ADHESION a Jesús . Siento deseos de adherirme , de unirme El , para compartir sus ideas, sus proyectos, su programa y sobre todo su vida. Deseo ser compañero suyo. Como aquel discípulo entusiasta que le digo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. (Mateo 8, 18-20)
La adhesión a Jesús nos hace exclamar, como a Pablo: Dime lo que tengo que hacer, que estoy dispuesto. O como Pedro: “Si eres tú , dime que vaya hasta ti”. Aunque sea sobre las aguas , incluso sin saber nadar. (Mateo 14, 22-33) Esa atracción de Jesús que conduce a la adhesión, está bellamente reflejada en las palabras de los dos peregrinos de Emaús cuando descubrieron a Jesús : “¿No ardia nuestro corazón mientras íbamos y hablábamos con El?” Por la adhesión a Jesús nos hacemos compañeros suyos y coordinadores de su obra en le mundo. Somos , para los hombres, la presencia viva y actuante de Jesús.
Finalmente , la adhesión se convierte en COMPROMISO ESTABLE con Jesús. Es el tercer paso del proceso. Me decido de por vida por Jesucristo, por su evangelio, por su programa personal y social. Me comprometo con El con toda mi persona y con toda mi vida. Desde ahora el objetivo de mi vida es continuar la obra de Jesús en mi propia persona y en el mundo, incluso en los días malos y negros, cuando nada vea.
Añadir que la fe en Jesús debe abarcar e influir decisivamente en todos los aspectos de la vida: En nuestra disposición ante la vida y los demás. En nuestra escala de valores, muy diferente a la que reina en el mundo. Y en nuestro comportamiento diario ante las grandes y pequeñas cosas de la vida. Por tanto la fe verdadera y madura no afecta solamente a alguna zona de mi persona, o en determinados días o momentos, sino TODA LA VIDA. En la persona humana podemos distinguir tres zonas fundamentales:
La mente y los pensamientos; Por tanto ha de ser una fe CONSCIENTE, reflexionada; No se puede ser una fe basada en puros sentimientos; Requiere ser profundizada por la meditación asidua de la Palabra de Dios
El corazón y los sentimientos: La fe ha de ser también AMADA; de nada sirven dominar la Biblia y la teología de arriba abajo si la palabra no cala en el corazón, no lo seduce y enamora. (Jer. 20, 7ss)
La voluntad y las decisiones: La verdadera fe ha de ser DECIDIDA POR MI. Deber de llegar un momento donde yo opte por la fe de una manera personal, más allá de la formación en la familia, o del ambiente cultural o de la costumbre del lugar etc.
De este modo, el centro de la fe- Jesucristo- se convierten en el centro de mi vida. Jesús y el creyente quedan comprometidos mutuamente. Es la MADUREZ CRISTIANA, Jesús se comprometió hasta jugarse la vida. Hoy me ofrece el resultado de aquel compromiso, y sé que no me fallara aunque la vida sea dura conmigo. Se que está conmigo todos los días de mi vida. Pablo proclama con fuerza: “Sé de quien me he fiado y estoy seguro de El.” (2Timoteo 1,12)
Yo también me comprometo con Jesús. Le doy mi vida con todas sus capacidades. Tendré que cambiar de raíz , lo sé. El me ayudará. Sé que, al darle la vida, la encontrare toda entera, más y mejor. Porque El ha venido a traer vida, y vida llena. Yo también sé de quien me he fiado, y estoy seguro de El.
“LA VERDADERA VIDA CONSISTE EN CONOCERTE A TI, PADRE,
Y A TU ENVIADO JESUCRISTO”. (Juan 17,3)
Con estas palabras, el Evangelio de Juan sitúa en su verdadero lugar la fe cristiana. La fe consiste en CONOCER a Jesús. Vivir es CONOCER a Jesús. En la Biblia, el verbo conocer equivale a TENER EXPERIENCIA del otro, como persona y como amigo. (Oseas 2, 16-22) Por eso, cuando Juan dice: “Conocer a tu enviado Jesucristo”, está hablando de TENER EXPERIENCIA DE JESUS COMO PERSONA Y COMO AMIGO. No hay fe cristiana sin ese conocimiento amoroso que supone la unión con Jesús. Jesús es el CENTRO de la fe.
Hablamos de la fe como si fuera una realidad en si misma. Hablamos de la fe como si existiera ella sola en alguna parte, y pudiéramos dejarla o tomarla, como se toma o deja un libro, un dinero, un coche. Pero la fe no existe fuera de ti. No hay fe, lo que hay son creyentes. Fe es un encuentro entre dos que se dan la mano... y la confianza. No existe la fe. Lo que existe son dos personas que se comprometen mutuamente. Una eres tú. Y la otra, Jesús. Por eso, el centro de la fe es Jesús. La vida verdadera consiste en “conocerte amorosamente a Ti, Padre y a tu enviado Jesucristo”.
Pero nos da vergüenza hablar de Jesús. Y entonces hablamos de la fe. Y damos la impresión de que la fe es algo que existe fuera de nosotros, aunque no sea tan palpable como un libro, un dinero, o un coche. La fe sería algo que está ahí, en alguna parte de la Tierra o del cielo, que se toma y se deja como otra cosa cualquiera. Y dejamos de lado a Jesucristo, que es el centro de la fe.
Dos personas se conocen, se quieren y se dan mutuamente la confianza: está produciéndose un encuentro parecido al de la fe. He aquí que esas dos personas deciden constituir una pareja estable y diferenciada. Esta es la imagen más cercana y vida de la fe cristiana. Cristiano no es el que tiene fe a cosas, sino el que tiene fe en JESUCRISTO. Cristiano es el que conoce a Jesucristo, le quiere y le da su entera confianza. Cristiano es el que se compromete con Jesucristo de forma estable. El centro de la fe es Jesucristo.
EL PROCESO DE LA FE.
“Maestro: ¿Dónde vives?”, le preguntaron un día dos jóvenes a Jesús. “Vengan conmigo”, les contestó. Eran poco más o menos las cuatro de la tarde. El que lo cuenta se acuerda perfectamente de aquel momento que resultó decisivo para él. Pasaron con Jesús toda la tarde y comenzaron a conocerle por dentro; Empezaron a tener fe. (Juan 1, 35 ss)
Aquellos dos hombres comenzaron un proceso de fe que puede decirse que se desarrolla en tres fases: ENCUENTRO, ADHESIÓN, COMPROMISO CON JESÚS.
Y rápidamente se convierten en MISIONEROS. Empezaron a decir a sus amigos: “Hemos encontrado al Mesías”, es decir, al hombre definitivo, el que marca el sentido de la vida y de la sociedad. Hemos encontrado la luz, la verdad, el amor, el amigo por excelencia, el amigo de todos; El resumen de lo que todo queremos ser. Y nos ha invitado a vivir con Él.
¡Qué lejos estamos del concepto de fe que circula por muchos ambientes! Piensan que la fe son unas IDEAS, unas verdades que se deben creer. Otros imaginan que la fe es una CONVICCIÓN, algo que se tiene metido hasta el fondo del alma. Otros que la fe es un ACTO DE VOLUNTAD, un empeño absoluto logrado a base de esfuerzos personales, como metas a conseguir por las propias fuerzas.
La fe puede tener algunos de estos ingredientes, pero es algo totalmente distinto. Es una relación estable y comprometida con Jesús.
Si voy a misa el Domingo ¿tengo fe? Puedes tenerla o no, o puede estar desenfocada. Analiza si Jesús es el centro de tu vida, si está presente en todas tus decisiones, si intentas pensar, juzgar, amar como Él. La asistencia a misa no es en sí misma un signo de fe verdadera. Si cumplo los mandamientos ¿Tengo fe? Vale la misma respuesta. ¿Y si pertenezco a una comunidad? Y si me dedico al servicio del prójimo con entrega y sacrificio? ¿Y si doy gran parte de mis bienes a los pobres y trabajo en alguna O.N.G.? Vale siempre la misma respuesta. Puedes tener fe o no tenerla, o tenerla desenfocada. No dejes ninguna de estas actividades pero cultiva por encima de todo tu amistad con Jesucristo. Porque Jesús es el centro de la fe.
Lo primero es el ENCUENTRO PERSONAL CON JESÚS. Un encuentro que va más allá del saludo y del protocolo interesado. Aquel que era antes uno más de entre la masa, uno de tantos, ahora aparece como alguien especial, y poco a poco se irá convirtiendo en tu mejor amigo, en tu camino, verdad y vida.(Juan 14,6)
El encuentro con Jesús produce ATRACCIÓN hacia Él. La atracción no es un fenómeno sensiblero sino un estímulo serio. Me siento llamado por Jesús; Me llama su persona y su vida; dedeo ser como Él, amara como Él, luchar y construir el reino de Dios como Él. No sólo como Él sino también con Él. Deseo ser discípulo suyo y seguir sus huellas. Este deseo es uno de los momentos más preciosos del proceso de la fe. En él está contenida como semilla toda la fe. Es el momento de las grandes alegrías, de los grandes sacrificios, de las grandes renuncias y de los grandes crecimientos. Es el momento de los jóvenes, o más bien es un MOMENTO JOVEN, porque la fe nos rejuvenece.
El segundo punto del proceso de la fe es la ADHESION. Imperceptiblemente –encuentro con Jesús y la atracción que produce te lleva a la ADHESION a Jesús . Siento deseos de adherirme , de unirme El , para compartir sus ideas, sus proyectos, su programa y sobre todo su vida. Deseo ser compañero suyo. Como aquel discípulo entusiasta que le digo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. (Mateo 8, 18-20)
La adhesión a Jesús nos hace exclamar, como a Pablo: Dime lo que tengo que hacer, que estoy dispuesto. O como Pedro: “Si eres tú , dime que vaya hasta ti”. Aunque sea sobre las aguas , incluso sin saber nadar. (Mateo 14, 22-33) Esa atracción de Jesús que conduce a la adhesión, está bellamente reflejada en las palabras de los dos peregrinos de Emaús cuando descubrieron a Jesús : “¿No ardia nuestro corazón mientras íbamos y hablábamos con El?” Por la adhesión a Jesús nos hacemos compañeros suyos y coordinadores de su obra en le mundo. Somos , para los hombres, la presencia viva y actuante de Jesús.
Finalmente , la adhesión se convierte en COMPROMISO ESTABLE con Jesús. Es el tercer paso del proceso. Me decido de por vida por Jesucristo, por su evangelio, por su programa personal y social. Me comprometo con El con toda mi persona y con toda mi vida. Desde ahora el objetivo de mi vida es continuar la obra de Jesús en mi propia persona y en el mundo, incluso en los días malos y negros, cuando nada vea.
Añadir que la fe en Jesús debe abarcar e influir decisivamente en todos los aspectos de la vida: En nuestra disposición ante la vida y los demás. En nuestra escala de valores, muy diferente a la que reina en el mundo. Y en nuestro comportamiento diario ante las grandes y pequeñas cosas de la vida. Por tanto la fe verdadera y madura no afecta solamente a alguna zona de mi persona, o en determinados días o momentos, sino TODA LA VIDA. En la persona humana podemos distinguir tres zonas fundamentales:
La mente y los pensamientos; Por tanto ha de ser una fe CONSCIENTE, reflexionada; No se puede ser una fe basada en puros sentimientos; Requiere ser profundizada por la meditación asidua de la Palabra de Dios
El corazón y los sentimientos: La fe ha de ser también AMADA; de nada sirven dominar la Biblia y la teología de arriba abajo si la palabra no cala en el corazón, no lo seduce y enamora. (Jer. 20, 7ss)
La voluntad y las decisiones: La verdadera fe ha de ser DECIDIDA POR MI. Deber de llegar un momento donde yo opte por la fe de una manera personal, más allá de la formación en la familia, o del ambiente cultural o de la costumbre del lugar etc.
De este modo, el centro de la fe- Jesucristo- se convierten en el centro de mi vida. Jesús y el creyente quedan comprometidos mutuamente. Es la MADUREZ CRISTIANA, Jesús se comprometió hasta jugarse la vida. Hoy me ofrece el resultado de aquel compromiso, y sé que no me fallara aunque la vida sea dura conmigo. Se que está conmigo todos los días de mi vida. Pablo proclama con fuerza: “Sé de quien me he fiado y estoy seguro de El.” (2Timoteo 1,12)
Yo también me comprometo con Jesús. Le doy mi vida con todas sus capacidades. Tendré que cambiar de raíz , lo sé. El me ayudará. Sé que, al darle la vida, la encontrare toda entera, más y mejor. Porque El ha venido a traer vida, y vida llena. Yo también sé de quien me he fiado, y estoy seguro de El.
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