La dogmática en torno a la encarnación es toda la cristología. El dogma no es lo más importante, sino que tienen una función de fundamentación. Lo importante es que uno tenga tal encuentro con Cristo y tal relación amistosa con él y enamorada de él, que uno oiga que amistosamente Cristo me llama a vivir su propia vida.
El dogma aparece cuando aparece algún hombre que se resiste. La primera garantía de nuestro anuncio es la viviencia espiritual de quien habla. En las charlas, por esto se meten experiencias, no dogmas. El dogma es la segunda garantía para defender nuestra predicación.
(Rom 8, 29) “Cristo te llama para que reproduzcas en tu vida su misma vida”. Esta es la gran barbaridad del Cristianismo, pero a la vez es el secreto del gozo máximo que el Cristianismo aporta a la humanidad. Que en nuestra humanidad cotidiana se encarne la misma vida de Dios hecho hombre, es a la vez el gran regalo que Dios nos hace y el gran reto. Precisamente por esto surgen en la historia muchísimos interrogantes, y estos interrogates son lo que vamos a ver cómo han provocado reacciones en los Santos para defender algo que estábamos intentando echar para abajo.
¿Nos acercaremos un poco a concretizar en nuestra vida la encarnación de Jesús? En nuestra carne concreta se tendrían que inaugurar los valores mismos del Evangelio: pobreza, castidad y obediencia. A nivel existencial hay saltos que no son para ponernos una argolla, sino son pasos de libertad, amor y asimilación del regalo que ya Dios me ha hecho y que depende de mí. El regalo de que en mi vida se inaugure el amor mismo de Dios encarnado, ya está dado. La asimilación de este regalo depede de la aceptación del hombre de que en su carne se inaugure ese tipo de humanidad. El primer paso para que Dios se decida a hacerse hombre, es pedirle permiso a una mujer para que acepte en su carne que aquello se realice, es el mismo proceso que para continuar en nuestras vidas entrando en la misma encarnación. Si no hay “sí”, no hay encarnación. La encarnación está dependiente de un sí, del sí de María, pero no de un sí de hazlo como puedas, a una cosa imposible dada a alguien que no puede realizar aquello, sino un sí en el que Dios ya le da por el Espíritu el don a María de esa encarnación, pero sin el sí de María, sin la aceptación y asimilación del don que ha recibido no se inaugura, esto es la oración. El conocer a Cristo no es más que ir asimilando progresivamente el don que ya me ha dado.
En la historia, desde el siglo I hasta hoy, hay resistencias en el hombre a asimilar y aceptar ese don. Esas resistencias las hemos proyectado de la siguiente manera: al tener yo dificultad he hecho una teoría de la dificultad. Al tener dificultades no solamente he dicho que a mí me costaba mucho, pues esto sería humildad, sino que he dicho que es imposible y que no es verdad que Cristo fuera Dios encarnado, porque nuestra carne no puede vivir tamañas manifestaciones de amor. Estas últimas son las herejías. La herejía es la dinámica en la que constantemente nos encontramos cuando justificamos teóricamente nuestra pobreza para vivir y encarnar el mismo amor de Cristo. Si yo humildemente acepto que no llego, estoy creando las mejores condiciones para aceptar el don. Hereje es el pobre que lo justifica por orgullo.
En la charla de encarnación lo que se díce es qué hay que hacer para que este proyecto se continúe. Lo importante para asimiliar el don es desde qué condiciones ese don se puede ir haciendo carne en mi propia vida. La charla de encarnación tiene dos partes: una en la que se muestra senciallmente como se manifiesta el amor encarnado de mi Dios, y una segunda parte el cómo se puede garantizar que ese amor se llegue a encarnar en nuestra propia vida, y que ésta pueda ser el camino para que se encarne en otras personas.
Para esto debemos tener una fe muy clara de que ese amor se puede encarnar en nuestra vida, y aquí es donde aparecen los grados de amor de los Santos. El que todo esto no lo vive de un modo sobrehumano le parece antihumano. Esta charla sin concreciones no vale para nada. Todas las realidades de obediencia y sumisión que existen, en la dinámica de Cristo tiene una proyección distinta que la de la lógica humana. ¿Tu libertad como mujer o como hombre va a depender de lo que el otro te sitúa o te deja de situar, te dignifica o te deja de dignificar? Eres tú mismo quien está preparando tu propia esclavitud, porque la encarnación está dando una libertad mayor que esa. La opinión de nadie me quita nada de la libertad que Cristo me está regalando y alcanzando. Las imposibilidades que aparecen en el horizonte de quienes están dando la charla o de quienes están escuchando es a lo que los dogmas quieren garantizar que no cedamos a esas resitencias que nos nacen de dentro, porque el don está dado. Una persona puede ser feliz encarnando el gozo el reino en una libre entrega de servicio total de todo su ser, y que eso, sea dominado o no dominado, impuesto o no impuesto, no quita nada, es el don que se me regala en la encarnación. Cristo ha venido a liberarnos de los pecados, es decir, del error mental de que el otro te puede impedir vivir tu propia dignidad de hijo de Dios o de Dios en ti. La encarnación es algo más que perdonar los pecados, es inaugurar la dignidad nueva que Cristo te ha regalado. El pecado no es más que la ausencia de Dios en nosotros.
“Cur deos omo” significa: porque Dios se hizo hombre. En la teología existen dos tendencias a la hora de responder a la pregunta: ¿Si el hombre no hubiese pecado, Dios se habría encarnado? Los Tomistas respondían que no, porque Cristo se encarnó para redimir del pecado. Los Escotistas, dicen lo contrario: aunque el hombre no hubiera pecado, Dios se habría encarnado, porque Dios se encarnado para revelarle al hombre la identidad que desde el principio había pensado para él (Ef 1).
El porqué de la encarnación es un solo movimiento: quitar el pecado y revelarle al hombre su propia identidad. Revelarle al hombre su identidad significa descubrir que la dignidad que Dios me da no se me reduce por ninguna opresión humana, física, natural, histórica, etc. (Fil 2, 5-11). Cuando se dice que Cristo está por encima de toda dominación, principado, etc., está diciendo que cuando uno entra en la forma de siervo.
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